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La Inteligencia Emocional en el Trabajo: aplícala y aumentarás tu Valor

Saber interpretar tus emociones, y las emociones de los demás, es un factor clave para mantener el control en situaciones personales. Ahora, imagina un segundo que tuvieras ese “poder” también en las situaciones laborales…¿ya lo has visualizado? No cabe duda que serías un activo importantísimo para tu equipo; serías un valor diferencial y un punto de conexión.

El individualismo en el sector empresarial no existe, aunque haya un “cabecilla” que llamamos líder, éste es un punto de referencia para sus compañeros. Así es como obtenemos un Equipo de Trabajo que valoriza el capital humano de las empresas, y es un elemento cada vez más crucial para el correcto funcionamiento de las mismas.

Por todo esto vamos a desgranar el papel de la inteligencia emocional en tu personalidad y en el seno de un equipo empresarial y cómo puedes desarrollar estas habilidades.

¿Qué es la Inteligencia Emocional?

Se podría decir que la definición más extendida explica la inteligencia emocional como la habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud; la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad para comprender emociones y el conocimiento emocional y la habilidad para regular las emociones promoviendo un crecimiento emocional e intelectual”.

Comprender el concepto de inteligencia emocional requiere explorar los términos que lo componen. El concepto de inteligencia emocional está compuesto por dos palabras de uso bastante común en el mundo de la psicología: inteligencia y emoción, esto implica que se trata de inteligencia de las emociones o de cómo ser más inteligente con las emociones. Aunque durante muchos años esta combinación de palabras fue para muchos una contradicción, ya que unía dos campos que han sido investigados separadamente y vistos durante mucho tiempo como contrarios. El significado original que los creadores del concepto quisieron darle al término implicaba la unión indivisible de ambas esfera.

La inteligencia emocional no es más que el uso racional de nuestras emociones, es aprender a controlar y percibir nuestros sentimientos, así como intentar comprender los de los demás, fomentando así el uso de la empatía y de las relaciones sociales. La inteligencia emocional explica el porqué, a pesar de tener la misma capacidad intelectual, formación o experiencia, algunas personas destacan, mientras que otras del mismo calibre intelectual se quedan rezagadas. Sin embargo, la inteligencia emocional como habilidad no se puede entender como un rasgo de la personalidad de una persona, es decir, no podemos diagnosticar el grado de inteligencia emocional de un individuo tan solo observando algún rasgo o característica de su personalidad.

¿Por qué es importante la Inteligencia Emocional en el Trabajo?

Las emociones, cumplen un papel destacado en el diario vivir, por lo mismo, se debe estar consciente que si se maneja con inteligencia y criterio adecuado las emociones propias, se pueden alcanzar logros insospechados en las labores. Lo atractivo e interesante de este planteamiento es que si se controla la inteligencia, también se potencializa y se desarrolla ya que la inteligencia emocional aumenta a medida que se aprenden y se ejercitan las capacidades que la componen tales como la percepción reflexiva, el control emocional y la motivación propia.

Por tanto, para el desempeño eficaz y eficiente en todos los trabajos y en todas las especialidades, la inteligencia emocional y la expresión de dichas emociones es más importante que las facultades puramente racionales y cognitivas.

Antes muchos empleados lograban subir de puesto aunque carecieran de inteligencia emocional, pero a medida que el mundo laboral se ha vuelto más competitivo y complejo, las empresas más eficaces son las que tienen a personas capaces de trabajar en equipo óptimamente. Goleman (1998) decía que las normas que gobiernan el mundo laboral están cambiando. En la actualidad, no sólo se nos juzga por lo más o menos inteligentes que podamos ser, ni por nuestra formación y experiencia, sino también por el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. La comprensión de la realidad emocional, de las normas de los equipos y de la cultura de una organización, proporciona el fundamento necesario para diseñar la visión, cuyo efecto dependerá de la conexión con la visión personal del trabajador.

Cada trabajo, por simple que sea, hace merecedor a quien lo desempeña del respeto, y el reconocimiento por sus propias aspiraciones y habilidades. El trabajo, en consecuencia, será una obra útil de la mejor utilización de las emociones propias y de los demás.

Algunas de las habilidades que, según investigaciones y encuestas, están entre las más demandadas para trabajar, son:

Crecimiento personal Saber escuchar y comunicarse oralmente (habilidades comunicativas).

Adaptabilidad y respuestas creativas ante obstáculos y contratiempos.

Dominio personal.

Confianza en uno mismo.

Motivación para trabajar para la consecución de objetivos.

Enorgullecerse de lo alcanzado.

Efectividad grupal e interpersonal.

Espíritu de colaboración y capacidad para trabajar en equipo.

Habilidad para negociar desacuerdos.

Inteligencia emocional para directivos

Tras estudiar cientos de empresas, Goleman llegó a la conclusión de que las habilidades de inteligencia emocional aumentan cuando más se asciende en la organización. Cuanto más alto sea el puesto, menos importantes resultan las habilidades técnicas y más importantes son las aptitudes de la inteligencia emocional; poseen un gran control de sus emociones, están motivadas y son generadoras de entusiasmo. Saben trabajar en equipo, tienen iniciativa y logran influir en los estados de ánimo de sus compañeros. Los jefes que tienden a fracasar son los que no soportan la presión, reaccionan con mal humor y con arranques de cólera, y explotan con sus colaboradores. El ejecutivo con éxito, no pierde el equilibrio durante situaciones tensas y, más aún, en medio de la crisis mantiene la serenidad, la confianza y la responsabilidad. Esto no significa que lo que tienen que hacer los directivos sea aguantarse, ya que tampoco ayudaría, lo que se debe hacer es mantener una actitud ecuánime ya que tal situación debe tomarse como temporal, lo que permite elevar el nivel de confianza para poder resolverla. Lo importante es no perder la calma, escuchar al personal y delegar responsabilidades, es decir, formar un equipo de trabajo. Lo cual suele sonar fácil, pero para lograrlo es necesario que los ejecutivos posean habilidades de autorregulación emocional como característica preliminar.

Este mismo autor determina que las condiciones intelectuales no son la única garantía de éxito en el ámbito profesional del trabajo, sino tan sólo un factor, que unido a las necesidades emocionales cubiertas del personal como equipo, desarrollará el desempeño y los resultados de todo líder y trabajador motivandolo emocionalmente a ser productivo. Define el éxito de líderes y trabajadores en personas de alto nivel de desempeño, destrezas, habilidades técnicas y emocionales bien desarrolladas, alcanzando la capacidad de dar sentimientos que cada vez se hacen más competitivos y necesarios en la familia, el trabajo y la sociedad.

Las aptitudes emocionales que con más frecuencia condujeron al éxito a grupos de directivos de cientos de empresas analizadas fueron:

Iniciativa, afán de éxito y adaptabilidad.

Influencia, liderazgo de equipos y conciencia política.

Influencia, liderazgo de equipos y conciencia política.

Simmons y Simmons (2000) indican que la inteligencia emocional es el factor más importante que puede servir de indicador de éxito en las relaciones de trabajo, no por eso se deja de mencionar otras áreas como las habilidades técnicas, los conocimientos  concretos, las capacidades mentales, la forma física, el aspecto físico y el interés por un campo determinado de trabajo, las aspiraciones y las metas profesionales, hasta las circunstancias que obstaculizan el rendimiento. Así, los aspectos psíquicos, anímicos, familiares, sociales, de educación y formación, económicos o sucesos meramente coyunturales que rodean la vida de cada individuo, en cada momento de la misma, influyen en consideración del clima laboral de la empresa.

Soto (2001), explica que manejar una situación emocional en el lugar de trabajo, requiere las capacidades necesarias para resolver los problemas al establecer entendimiento y confianza, saber escuchar y ser capaz de persuadir con una recomendación, poseer ciertas facultades como el conocimiento de sí mismo, la posibilidad de ver las cosas con perspectiva y cierto porte para ser la persona en que todos los presentes van a confiar.

Cherniss y Goleman (2005) mencionan que la inteligencia emocional influye en la eficacia organizativa en varias áreas; contratación y conservación del empleado, desarrollo del talento, trabajo en equipo, compromiso, estado de ánimo y salud del empleado, innovación, productividad, eficacia, ventas, ingresos, calidad de servicios, clientela fiel y cliente o estudiante resultante, todos los anteriores vitales para el desempeño y mantenimiento de una empresa u organización, además las relaciones ayudan a mejorar la inteligencia emocional individual y grupal para así mejorar la eficacia organizativa a través del liderazgo, clima y cultura organizativa apoyada de las políticas bien estructuradas de recursos humanos.

Con todo lo anterior nos encontramos en situación de afirmar que la inteligencia emocional en el ámbito laboral, no solo es recomendable, sino, casi necesaria, aportandonos los siguientes beneficios:

Mayor productividad

Los sujetos con un mayor nivel de inteligencia emocional rinden más en sus labores que aquellos con un nivel más bajo de inteligencia emocional. Aquellos trabajadores con puntuaciones más altas de inteligencia emocional son hasta un 25% más productivos que aquellos con puntuaciones bajas.

Estabilidad de los empleados

Una empresa del prestigioso ranking Fortune 500, que utlizó la evaluación de la personalidad durante años en un intento de reducir su alta rotación en su equipo comercial, se dio cuenta que esa estrategia era ineficaz. Entonces, mediante la implementación de la evaluación de inteligencia emocional, que incluye temas como el manejo del estrés, autoconciencia o las habilidades sociales, fue capaz de reducir su alta rotación en hasta un 67%.

Satisfacción de los trabajadores

La medición de la inteligencia emocional de cada uno de los trabajadores nos permite colocar a estos mismos en los puestos de la estructura organizacional que mejor se adapten a sus puntuaciones. Como consecuencia, se obtienen mejores resultados, y los trabajadores afirman ser más felices en sus nuevos puestos.

Más ventas

En un estudio de la revista Fortune reveló que aquellos comerciales que con un nivel de inteligencia emocional elevado conseguían vender hasta un 50% más que aquellos con un nivel bajo de inteligencia emocional.

Mejora en el manejo de las situaciones difíciles

Los trabajadores con puntuaciones altas en inteligencia emocional manejan mejor las situaciones difíciles y sufren menos accidentes de trabajo.

Mejor servicio de atención al cliente

Consejos para Desarrollar la Inteligencia Emocional en el Trabajo

La inteligencia Emocional juega un papel importante en un ambiente altamente competitivo como es el laboral por la continua presión que genera la  obtención de buenos resultados, logros de objetivos, plazos de entrega, etc.

A continuación encontrarás unos tips de como se puede desarrollar:

Reconocer y clasificar las emociones.

Aprender a calmarse y tranquilizarse en los momentos de alteración emocional.

Desarrollar el comportamiento interpersonal y la empatía.

Aprender a controlar el enfado, la rabia y emociones negativas.

Valorar la comunicación emocional en las relaciones familiares

Mejorar el conocimiento de sí mismo y de los demás, y respetar las características individuales, sus emociones,…

Comunicar los sentimientos de forma verbal y no verbal.

Desarrollar pautas de colaboración grupal y social.

Desarrollar procesos de pensamientos que favorezcan la elección de conductas personalmente satisfactorias y socialmente constructivas (respetar turnos, saber escuchar, compartir ideas, etc.).

Identificar cuáles son las emociones clasificadas como positivas y negativas.

Expresar las emociones de modo socialmente adecuado.

Desarrollar el sentimiento de bienestar emocional en el Aula.

Comprender la circularidad pensamiento emoción: Identificar los pensamientos que generan emociones y las emociones que generan determinados tipos de pensamientos.

Tomar conciencia de las necesidades, dificultades y contradicciones propias de la adolescencia.

Aceptar la responsabilidad de los propios actos y sentimientos.

Deshacerse de modelos inapropiados.

Identificar emociones y motivaciones positivas y negativas.

Canalizar las preocupaciones a través del diálogo para comprender lo que les está sucediendo.

Analizar los efectos de la autoestima sobre la conducta personal y las relaciones interpersonales.

Inteligencia emocional en la Búsqueda de Empleo

Cada día son más las empresas que buscan en sus candidatos trabajadores no sólo por su formación sino por las competencias intrínsecas en la inteligencia emocional.

Para favorecer el desarrollo de la inteligencia emocional es importante conocer una serie de cualidades emocionales. Aprender a manejar adecuadamente nuestros sentimientos y a interpretar correctamente los sentimientos de los demás, será imprescindible para encontrar trabajo.

Entre las competencias emocionales se pueden distinguir dos grandes bloques:

capacidades de autorreflexión (inteligencia intrapersonal), las cuales nos ayudan a identificar las propias emociones y regularlas de forma apropiada.

habilidad de reconocer lo que los demás están pensando y sintiendo (inteligencia interpersonal), haciendo referencia a habilidades sociales, como la empatía, la captación de la comunicación no verbal, etc.

Algunos autores (Salovey y Sluyter, 1997: 11) han identificado cinco dimensiones básicas en las competencias emocionales: cooperación, asertividad, responsabilidad, empatía y autocontrol. Este marco es coherente con el concepto de inteligencia emocional: autoconciencia emocional, manejo de las emociones, automotivación, empatía, habilidades sociales.

Se puede decir que la inteligencia emocional, fundamentalmente (Gómez et al., 2000) se basa en los siguientes principios o competencias:

Autoconciencia. Capacidad para conocerse uno mismo, saber los puntos fuertes y débiles que todos tenemos; la habilidad del hombre para interpretar los mecanismos físicos, mentales y emocionales que operan en la vida diaria.

Capacidad para asociar signos físicos con emociones.

Detección de pensamiento negativo.

Correcta evaluación de reacciones, habilidad para hacer una distinción clara entre ellas. Eficiencia en manejar y dirigir el pensamiento, sentimiento y conducta como un valor personal.

Control de las emociones. Capacidad para controlar los impulsos, saber mantener la calma y no perder los nervios. Nos proporciona mayor tolerancia a la frustración y un mejor manejo de la ira, una mayor capacidad para expresar el enfado de manera adecuada, aporta sentimientos positivos con respecto a uno mismo y hacia los demás, un mejor control del estrés, una menor sensación de aislamiento y de ansiedad social. Identificación de cambios de humor, comprensión del efecto de nuestro ánimo y conducta sobre otros… El conocimiento de las propias emociones aportará una mayor comprensión de las causas de nuestros sentimientos, un reconocimiento de las diferencias existentes entre los sentimientos y las acciones. El conocimiento de uno mismo constituye la piedra angular de la inteligencia emocional.

crecimiento personal La motivación. Habilidad para realizar cosas por uno mismo, sin la necesidad de ser impulsado por otros. Es la habilidad de estar en un estado de continua búsqueda y persistencia en la consecución de los objetivos, haciendo frente a los problemas y encontrando soluciones. Esta competencia se manifiesta en las personas que muestran un gran entusiasmo por su trabajo y por el logro de las metas por encima de la simple recompensa económica o académica traducida en notas altas, además de un alto grado de iniciativa y compromiso y con gran capacidad optimista en la consecución de sus objetivos. La capacidad de motivarse a uno mismo, el control de la vida emocional, puede resultar esencial para alentar y mantener la atención, la motivación y la creatividad. Aporta una mayor responsabilidad, capacidad de concentración y autocontrol. Menor impulsividad.

Empatía. Competencia para ponerse en la piel de otros, es decir, intentar comprender la situación del otro.

Habilidades sociales. Capacidad para relacionarse con otras personas, ejercitando dotes comunicativas para lograr un acercamiento eficaz. El control de las relaciones es una habilidad que presupone relacionarnos adecuadamente con las emociones ajenas. Que tengamos un trato adecuado con los demás depende de nuestra capacidad de crear y cultivar las relaciones, de reconocer los conflictos y solucionarlos, de encontrar el tono adecuado y de percibir los estados de ánimo de los demás.

Asertividad. Saber defender las propias ideas respetando la de los demás, enfrentarse a los conflictos en vez de ocultarlos, aceptar las críticas cuando pueden ayudar a mejorar.

Proactividad. Habilidad para tomar la iniciativa ante oportunidades o problemas, responsabilizándose de sus propios actos.

Creatividad. Competencia para observar el mundo desde otra perspectiva, diferente forma de afrontar y resolver problemas.

Las competencias desarrolladas anteriormente, darán lugar a una mayor o menor inteligencia emocional. En este sentido, el hecho de que un sujeto pueda tener más asertividad que otra persona, no quiere decir que de forma intrínseca obtenga una mayor inteligencia emocional, ya que concurren otros factores como si el individuo sabe darle uso y aplicar esa asertividad.

Bisquerra (2000) por su parte, estructura las competencias emocionales de la siguiente manera:

Conciencia emocional, dentro de la que estarían habilidades como: toma de conciencia de las propias emociones, dar nombre a las propias emociones y comprensión de las emociones de los demás.

Regulación emocional, en la que se encontrarán: toma de conciencia de la interacción entre emoción, cognición y comportamiento, expresión emocional, capacidad para la regulación emocional, habilidades de afrontamiento y competencia para auto-generar emociones positivas.

Autonomía personal (autogestión), en la que se incluyen: autoestima, automotivación, actitud positiva, responsabilidad, análisis crítico de normas sociales, buscar ayuda y recursos, y auto-eficacia emocional.

Inteligencia interpersonal, estarían: dominar las habilidades sociales básicas, el respeto por los demás, comunicación receptiva, comunicación expresiva, compartir emociones, comportamiento pro-social y cooperación y asertividad.

Habilidades de vida y bienestar, se incluirían: identificación de problemas, fijar objetivos adaptativos, solución de conflictos, negociación, bienestar subjetivo, fluir.

Martin y Boeck (2002) indican que el reconocimiento de las propias emociones es el inicio y fin de la competencia emocional, por lo que sólo quien aprende a percibir las señales emocionales, etiquetarlas y aceptarlas, puede dirigir sus emociones y profundizar en ellas, todo esto supone atención para ser consciente del mundo interior y no ser derribado por este. Para cultivar la vida emocional es necesario entonces conocer las emociones, prestar atención a las señales emocionales e identificar sus desencadenantes; por eso es necesario dejar de censurar las emociones, convertir en costumbre el hecho de prestar atención a las señales que el cuerpo manifiesta y en dónde se ubican y averiguar qué desencadena las señales emocionales.

Además de las competencias que hemos visto en los anteriores autores, podemos añadir algunas más como:

Valoración adecuada de uno mismo, conociendo las propias debilidades y fortalezas.

Confianza en uno mismo, y seguridad en la autovaloración que hemos hecho.

Confiabilidad, es decir, sinceridad e integridad.

Integridad, asumiendo la responsabilidad de nuestras actuaciones.

Adaptabilidad, ser flexible para afrontar mejor los cambios.

Innovación, estar abierto a las ideas nuevas.

Iniciativa, para actuar cuando se presenta la ocasión.

Optimismo y persistencia en la consecución de nuestros objetivos.

Autorregulación, autocontrol de nuestros estados, impulsos y recursos internos.

Estas capacidades de la inteligencia emocional poseen a su vez las siguientes características:

Independencia, ya que cada persona aporta una contribución única al desempeño de su trabajo.

Interdependencia, cada persona depende en cierta medida de los demás.

Jerarquización, ya que la capacidades de la inteligencia emocional se refuerzan mutuamente.

Necesidad pero no suficiencia, ya que poseer las capacidades no garantiza que se acaben desarrollando.

Genéricas, pues se pueden aplicar generalmente para todos.

La esencia de este articulo puede resumirse de manera bastante simple: La inteligencia emocional (I.E) es el factor de éxito más importante en cualquier carrera, más que el coeficiente intelectual (CI) o la pericia técnica. Y cuanto más elevada es la posición de alguien en una organización, más importante es la I.E; la I.E es responsable de entre el 85% y el 90% del éxito de los líderes en las organizaciones.
Cuando les pido a los empleados y a sus jefes que identifiquen los mayores desafíos a los que se enfrentan sus organizaciones, suelen mencionar los siguientes:

Las personas deben afrontar grandes y rápidos cambios .

Las personas deben ser más creativas a fin de impulsar la innovación.

Las personas deben de manejar enormes cantidades de información.

La organización necesita aumentar la fidelización de los clientes.

Las personas deben estar más motivadas y comprometidas.

Las personas deben trabajar mejor juntas.

La organización debe utilizar mejor los talentos especiales disponibles en una fuerza laboral diversa.

La organización debe identificar líderes potenciales entre sus filas y prepararlos para ascender.

La organización debe identificar y reclutar a los más dotados.

La organización debe tomar buenas decisiones acerca de nuevos mercados, productos y alianzas estratégicas.

La organización debe preparar a las personas para desempeñar puestos en el extranjero.

Esas son las necesidades más acuciantes a las que deben enfrentarse las organizaciones hoy en día, tanto del sector público como del privado. Y prácticamente en todos los casos la inteligencia emocional tiene que desempeñar un importante papel a fin de satisfacer esas necesidades.

En resumen podemos decir que la inteligencia emocional influye en la eficacia organizativa de varias áreas:

Contratación y conservación del empleo.

Desarrollo de talento

Trabajo en equipo

Compromiso, estado de ánimo y salud del empleado.

Innovación

Productividad

Eficacia

Ventas

Ingresos

Calidad de servicios

Clientela fiel

Cliente resultante

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